Posteo después de un mes casi. Mentira que iba a postear más, creo que las ideas que tengo se me esfuman cuando me viene la prisa por volver a mi "casita"(mi cuarto en la Robertsau) cuando me invade el frío.
El invierno llegó a Strasbourg, y amenaza con no irse. Ahora entiendo el templadismo de mi Drexler y mi Aristimuño, ese frío que se queda en el aire, ese humo que exhalamos al respirar, el cielo gris, la oscuridad casi permanente, la luna en la mañana. Qué envidia, en el sur se preparan para el verano y yo me preparo para mi primera blanca Navidad.
No puedo negar que me encantó el breve otoño, las hojas cayéndose, la variedad de amarillos-naranjas, el ligero haz de sol que a veces se colaba por la ventana. Pero es cierto que extraño un poquito el Perú, me he acostumbrado un poco a la vida en Strasbourg (ya pasé mis 2 meses de prueba según me decían algunos) pero no hay nada como estar por allá.
Obvio que es el sueño no tener que subirme a una combi, sino andar en tram mientras cruzo la ciudad rumbo a mis clases en la facu de Farmacia (sí, la misma donde alguna vez enseño Pasteur). Que si bien no tengo Miraflores, tengo la Petite France con sus callecitas entrecruzadas, sus casas típicas y sus cigüeñas, sus cafés y sus restaurantes a temas diversos. Pero extraño el té bolita y los atardeceres en Miraflores con el Pacífico de fondo.
Extraño los jardines de mi u, las fiestas en el ferial, el sol tímido a veces de Lima. Será por eso que me gusta pasar mis ratos en lo más verde que tiene esta ciudad (o sea el invernadero tropical del jardín botánico de mi facultad)? Será que eso de extrañar hace que el español a su modo del lindo de Weniger me emocione demasiado? Que ver las fotos de cada familia botánica exóticas aquí hagan más que recordarme que mi alma se quedó en la selva? Sí, y quizás es cierto que me quedé en Jenaro.
Hay cosas que no puedes evitar y hay cosas que sólo puedes saber en su total dimensión cuando estas lejos, esto es lo que me pasa ahora. Me preparo para una navidad en Paris, pero mientras más pasa el tiempo, me dan más ganas de volver a ver de nuevo el Amazonas con la luna llena de fondo, Miraflores en su esplendor, comer un cebiche en Piura, un rocoto relleno en Arequipa, bailar hasta decir basta en el ferial, abrazar a mis papás y jugar con mi perrita un domingo por la tarde.
Una muestra de lo que escucho mientras los minutos pasan en el tram rumbo a Illkirch